La infancia en la geopolítica del dolor: La audacia del 'recreo' y la urgencia del ‘jugar’ como última trinchera de lo auténtico.

Cuando los grandes intereses del mundo trazan mapas que excluyen, mirar a la infancia deja de ser un acto teórico para convertirse en supervivencia. En la intersección entre la brutalidad del mercado y la fragilidad del cuerpo, volver a Dussel y a Bustelo es un acto de autodefensa.

Opinión07/01/2026Editor Gral.Editor Gral.
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1. La herida del mundo y los rostros del descarte

Hacer dialogar a quienes pensaron antes que nosotros no es acumular nombres, ni un ejercicio de erudición vacía; es la única forma de no sentirnos tan solos ante la intemperie. Porque hoy, la política real —la internacional, la que mueve los hilos de la historia— nunca operó por ideologías sino siempre motivada a moverse por intereses desnudos. Y en ese tablero de Realpolitik, la niñez se ha convertido en un sacrificio aceptable.

Esta "intemperie" tiene dos rostros que nos miran fijo: el de la niñez marginada latinoamericana, habitante de esa "cultura del descarte" que denunciaba Francisco; y el de la niñez palestina en Gaza, a quien las bombas borran no solo por considerarla también “descartable”, sino peligrosa; una semilla de insurrección futura.

Aquí, Enrique Dussel deja de ser una cita académica para volverse un juicio histórico insoportable: si la producción y reproducción de la vida es el criterio de verdad, un sistema que funciona con "normalidad" mientras la niñez es masacrada o hambreada, ha entrado en fase suicida.

2. Los cuerpos débiles: de la lástima a la compasión política

La modernidad prometió blindar a los vulnerables, pero la geopolítica del dolor se ensaña con ellos. Eduardo Bustelo, con su lectura del "biopoder", nos permite trazar el mapa de esta violencia que nunca es aleatoria. Recae siempre sobre los mismos "cuerpos débiles": migrantes, viejos, pobres, mujeres y, fundamentalmente, la infancia.

Existe una continuidad macabra entre el abandono estatal en nuestros barrios y el exterminio en Asia Occidental: en ambos casos, la vida es tratada como nuda vida, materia disponible.

Pensar con Bustelo hoy implica un giro ético: la infancia no necesita nuestra compasión —esa trampa sentimental que privatiza el dolor y despolitiza la injusticia—, sino nuestra responsabilidad política. No se trata de llorar por el otro, sino de luchar con el otro para restituirles el derecho a tener derechos. Allí donde el interés global decide quién vive y quién muere, la defensa de la niñez es la primera línea de resistencia, la trinchera donde se disputa la humanidad.

3. La Medusa de las pantallas y el silencio del juego

Pero la guerra contra la vida no es solo explosión externa; también es implosión subjetiva. Al caminar acompañados por Byung-Chul Han y Franco "Bifo" Berardi, descubrimos el otro frente de batalla: el robo del tiempo vital.

El niño "exitoso" que se autoexplota en el centro y el niño "sobrante" de la periferia comparten hoy una misma orfandad: la ausencia del jugar. Frente a la Medusa de las pantallas que los captura y petrifica, el gesto libre se detiene. Se está creando una infancia que no juega, que sólo consume o "rinde", sometida a un bombardeo silencioso de estímulos que agota la psiquis antes de que empiece la vida. Sin juego, el tiempo deja de ser habitado para ser simplemente gastado.

4. Espejismos: cuando la retórica esconde el abismo

Ante la magnitud del colapso, las respuestas tibias ofenden. Nancy Fraser nos alerta con lucidez sobre los espejismos de la época: debemos cuidarnos de ese “progresismo de mercado” o "feminismo liberal" que aprenden a hablar el idioma del mercado, celebrando la diversidad en las fotos, mientras valida la maquinaria económica que precariza a esas mismas mujeres y a sus hijos.

De nada sirve la retórica de los derechos si no somos capaces de abrazar las condiciones materiales de la existencia. La ética exige justicia, no cosmética. Mirar a la infancia con verdadera responsabilidad implica desmontar la estructura de intereses que fabrica pobreza, y no solo ofrecer consuelo a las víctimas que el mismo sistema produce.

5. La audacia del 'recreo' como fundación

¿Qué nos queda, entonces, cuando los mapas se cierran? Nos queda la obstinación de la vida por recomenzar. Nos queda la audacia del 'recreo'.

Bustelo nos enseñó a leer esta palabra en su doble valencia, en su ambigüedad fértil. El 'recreo' es la pausa, sí, el respiro necesario ante la asfixia del rendimiento. Pero es también, y sobre todo, la potencia de “recrear”. La posibilidad de fundar lo nuevo. La infancia es esa irrupción (la de seres “natales”) que viene a decirnos que la historia no está cerrada, que los intereses geopolíticos no son el destino final.

Defender la urgencia del ‘jugar’ es defender ese tiempo “no-útil” y sagrado, esa última trinchera de lo auténtico donde la vida se celebra a sí misma, lejos de las bombas y de los algoritmos.

Es permitir que la infancia nos tome de la mano y nos enseñe, con su riesgo y su franqueza, la audacia de volver a crear el mundo.

Jose Machain
Director de ANPILAC

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